
En la década de los 60, en Estados Unidos, tuvo lugar un fenómeno que revolucionó el mundo periodístico de la época, a la vez que asustó e hizo sacar las uñas a más de un afamado literato norteamericano. Los historiadores coinciden en apuntar que el desencadenante de dicho fenómeno, denominado “el nuevo periodismo”, fue la publicación del libro “A sangre fría” de Truman Capote, se trataba de una investigación periodística narrada a modo de novela y que llegó a constituirse como la primera en el género de no-ficción.
De algún modo supuso un cambio en la realización del trabajo periodístico llevado a cabo hasta entonces en los rotativos principales de los USA. Los periodistas, cronistas y reporteros de la época encontraron un nuevo modo de llegar al público, que hasta la fecha, recibía las noticias como si se tratasen de poco más que de puras transcripciones de los teletipos. Con el nuevo periodismo, el reportero se convertía definitivamente en escritor, y sin perder de vista la objetividad le transmitía al lector una “verdadera esencia literaria” con cada una de sus crónicas.
Ni que decir tiene que la comunidad literaria norteamericana tardó en aceptar el fenómeno, ya que hasta entonces, las verdaderas plumas eran aquellas que escribían novelas y que tenían derecho de acceso a los premios literarios. Para ellos, para los ilustrados literatos, los periodistas no eran más que meros “informadores” de la actualidad social o política, pero ajenos a los laureles y al reconocimiento del que debía gozar un “escritor”. Un periodista era simplemente un joven que accedía a la facultad de periodismo con la intención de ganarse la vida informando y con el deseo/ilusión de que, quizá un día ..., se alejaría por un tiempo a una casa en las montañas, cerca de un lago y escribiría “su novela”, tecleando inspiradamente su Underwood, envuelto en el humo del tabaco y dulcemente embriagado por un suave bourbon. Pero claro... eso era sólo un sueño, la realidad era que el periodista informaba en los diarios y era el “escritor” quien invariablemente se ocupaba de las novelas.
Afortunadamente, y gracias al talento de tipos como: Truman Capote, Tom Wolf, Hunter S. Thomson, Rex Reed, Norman Mailer o Nicolas Tomalin, entre muchos otros, a los “escritores” no les quedó más remedio que admitir que no estaban solos, tuvieron que claudicar ante el buen hacer de esos chupatintas hasta entonces calificados de escritores menores, e incluso hacer un hueco en sus estanterías para tener a mano sus obras.
La prensa de la segunda mitad del siglo pasado, y con ella, el cambio que supuso el nuevo periodismo, lanzó el talento de algunos de esos periodistas al nivel que, sin duda, les pertenecía por derecho.
No cabe duda de que la historia es cíclica y que tiene sus particulares repeticiones a través del tiempo. Prueba de ello es que en la actualidad, en este siglo... ¡ahora!, se está dando un fenómeno similar al del nuevo periodismo norteamericano. Hoy en día uno puede encontrar calidad y leer a gusto una novela, o en la prensa escrita por aquellos que hacen algo más que “informar”, pero por fortuna... Internet nos ha dado la oportunidad de leer Blogs en los que personas anónimas que tienen algo que contar lo hacen con muy buen gusto y con una prosa excelente; desde la información, desde la formación, desde la gracia y el humor, desde el sentimiento, o simplemente... desde y como les da la gana, muchos auténticos escritores desparraman su arte por multitud de blogs que lejos de ser anónimos, van ganando día a día más y más lectores. Así pues... que se preparen los literatos... los antiguos y los nuevos. En su día fue la prensa la que hizo despuntar a escritores que venían con sus plumas afiladas y con ganas de guerra... hoy, un nuevo fenómeno al que no se si es necesario ponerle ningún nombre, pero que como soporte tiene un blog digital, nos está mostrando cómo una nueva generación de “contadores de historias” viene para quedarse, con sus teclados y con esa gran arma globalizadora y democratizante como es Internet.
De algún modo supuso un cambio en la realización del trabajo periodístico llevado a cabo hasta entonces en los rotativos principales de los USA. Los periodistas, cronistas y reporteros de la época encontraron un nuevo modo de llegar al público, que hasta la fecha, recibía las noticias como si se tratasen de poco más que de puras transcripciones de los teletipos. Con el nuevo periodismo, el reportero se convertía definitivamente en escritor, y sin perder de vista la objetividad le transmitía al lector una “verdadera esencia literaria” con cada una de sus crónicas.
Ni que decir tiene que la comunidad literaria norteamericana tardó en aceptar el fenómeno, ya que hasta entonces, las verdaderas plumas eran aquellas que escribían novelas y que tenían derecho de acceso a los premios literarios. Para ellos, para los ilustrados literatos, los periodistas no eran más que meros “informadores” de la actualidad social o política, pero ajenos a los laureles y al reconocimiento del que debía gozar un “escritor”. Un periodista era simplemente un joven que accedía a la facultad de periodismo con la intención de ganarse la vida informando y con el deseo/ilusión de que, quizá un día ..., se alejaría por un tiempo a una casa en las montañas, cerca de un lago y escribiría “su novela”, tecleando inspiradamente su Underwood, envuelto en el humo del tabaco y dulcemente embriagado por un suave bourbon. Pero claro... eso era sólo un sueño, la realidad era que el periodista informaba en los diarios y era el “escritor” quien invariablemente se ocupaba de las novelas.
Afortunadamente, y gracias al talento de tipos como: Truman Capote, Tom Wolf, Hunter S. Thomson, Rex Reed, Norman Mailer o Nicolas Tomalin, entre muchos otros, a los “escritores” no les quedó más remedio que admitir que no estaban solos, tuvieron que claudicar ante el buen hacer de esos chupatintas hasta entonces calificados de escritores menores, e incluso hacer un hueco en sus estanterías para tener a mano sus obras.
La prensa de la segunda mitad del siglo pasado, y con ella, el cambio que supuso el nuevo periodismo, lanzó el talento de algunos de esos periodistas al nivel que, sin duda, les pertenecía por derecho.
No cabe duda de que la historia es cíclica y que tiene sus particulares repeticiones a través del tiempo. Prueba de ello es que en la actualidad, en este siglo... ¡ahora!, se está dando un fenómeno similar al del nuevo periodismo norteamericano. Hoy en día uno puede encontrar calidad y leer a gusto una novela, o en la prensa escrita por aquellos que hacen algo más que “informar”, pero por fortuna... Internet nos ha dado la oportunidad de leer Blogs en los que personas anónimas que tienen algo que contar lo hacen con muy buen gusto y con una prosa excelente; desde la información, desde la formación, desde la gracia y el humor, desde el sentimiento, o simplemente... desde y como les da la gana, muchos auténticos escritores desparraman su arte por multitud de blogs que lejos de ser anónimos, van ganando día a día más y más lectores. Así pues... que se preparen los literatos... los antiguos y los nuevos. En su día fue la prensa la que hizo despuntar a escritores que venían con sus plumas afiladas y con ganas de guerra... hoy, un nuevo fenómeno al que no se si es necesario ponerle ningún nombre, pero que como soporte tiene un blog digital, nos está mostrando cómo una nueva generación de “contadores de historias” viene para quedarse, con sus teclados y con esa gran arma globalizadora y democratizante como es Internet.
¿A qué esperáis?... ¡Bloggear malditos!